sábado, 13 de octubre de 2012

Reflexiones de una mamá yogui.

Tenía unos 7 años, veía a gente entrar en mi casa para practicar Sofrología. Se reunían en una habitación y yo, tras la puerta, intentaba oir, no escuchaba nada. Preguntaba, al salir mi padre "¿Puedo entrar mañana?". "No", me respondía. "¿Qué es lo que hacéis?" yo interrogaba. "Cuando seas mayor te lo explicaré". Cumplí 19 años y me empapé de sus libros de Sofrología Médica, Meditación, Budismo y Zen. Comprendí. La esposa del Dr Caycedo era practicante de Yoga, él se leyó sus libros y ello le empuja a irse de viaje varios años por oriente y estudiar con los lamas, para crear, al volver, la Ciencia Médica de la Conciencia o Sofrología.
"En cuanto encuentre un sitio donde hagan Yoga, empiezo", determiné. Tenía 20 años.
Ahora mis hijos sacan los libros de Yoga, se ponen en el suelo y ejercitan. A veces me han preguntado y pensaba tomar la misma actitud, "cuando seas mayor te lo explicaré". Y ciertamente, no necesitan muchas explicaciones, yo siento que lo que ellos van a vivir y viven no tiene nada que ver con lo que yo he vivido, así que los dejo "hacer".

Namasté









Gassho y un yogur.

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